viernes, 30 de marzo de 2012

Los claroscuros son cuestión de suerte

Es una época de claroscuros... sí... sí? ... Sí, es posible, así lo sentimos muchos.
Ya ves,  pretendía jugar con ello mirando al vacío en el salón de casa... dispersa en mis paranoias, acariciando los pensamientos negros, temerosa de que me atrapen pero enganchada de toda la vida a su sabor, amargo como el café, como el chocolate puro... cedo a la tentación de seguir pasando de puntillas por ellos, mmmmm es peligroso pero sabe rico... 






Ventanales en casa con los que enredarme en ensimismamientos
Y luego está mi suerte, ésa que me ofrece en la pantalla, al ver la foto tomada durante el ejercicio de riesgo... ésa que me abofetea con el optimismo en forma de reflejo en lo oscuro... otra ventana abierta en el contraplano y que no ví al disparar, inmersa en esa opacidad... y ahí está, como asidero para dejar atrás lo negro y hacer mis ojos a la luz... Una suerte que siempre me saca en el momento preciso.


















Creo que debo darle las gracias... quizás no sería lo suficientemente fuerte de no tenerla a ella.

viernes, 16 de marzo de 2012

Imagen de día que te hace pensar en la noche

" ¿Acaso no he cerrado los ojos con el postigo suplementario de la noche y no he tendido mi mano? Y lo mismo pasa con las muchachas -dijo-, las que del día hacen noche, las jóvenes, las drogadictas, las libertinas, las borrachas y la más desdichada de todas, la amante que vela la noche entera, inmersa en el miedo y la angustia. Ésas no podrán jamás volver a vivir la vida diurna. Cuando las encuentres en pleno mediodía desprenden, como si se tratara de una emanación protectora, un algo de oscuro y apagado. La luz ya no les favorece. Empiezan a tener un aire insólito. Es como si estuvieran expuestas a los golpes continuos de un adversario invisible. Adquieren unos rasgos "inapetentes"; envejecen sin recompensa, se convierten en el pájaro viudo, sentado junto al torniquete del cielo, suspirando: ¡Aleluya! ¡Estoy clavado! Skoll! Skoll! ¡Me muero!
O se pone a dar vueltas por la casa, con las manos entrelazadas; o se tiende en el suelo, boca abajo, con ese terrible anhelo del cuerpo que, en su aflicción, querría aplastarse contra el suelo, perderse en un espacio más hondo que la tumba, completamente borrada y anulada para que no quedara de ella ni una mancha doliente sobre la madera, o ser arrebatada hacia la nada sin objetivo... retrocediendo a través del blanco, llevándose consigo el punto en que hizo diana..."


"El bosque de la noche", Djuna Barnes



Pd: Gracias Marcela
Foto: Tronco no de bosque... sólo de parque.